If you loved, you would be here with me (8)

Te quiero muxo....te quiero hacer feliz muuak (k)

Wednesday, July 19, 2006

El Testigo


Otoño se veía bien en su cara, nunca supo decir sí o no, perdía el tiempo cayendo ante las mínimas cosas que pasaban a su alrededor, como las hojas secas caen de los árboles. Recuperaba el aliento y con una nueva voz empezaba todo de nuevo; así era su vida.

Cierto día salió a caminar de la mano con la soledad que suspiraba ya cansada de ella; quería dejarla y así fue. Nunca nadie le creyó que a la vuelta de la esquina de la calle cinco vivía una persona que la entendía, pero su cara no era la misma, de sus ojos brotaban chispas de felicidad con un fulgor nunca antes visto en ella.

Días después, diablos vestidos con falda y pelo blanco, se dieron cuenta que en las largas conversaciones a la luz de una vela que prendía de amor, también besos se jugaban y apostaban en el pocker.

El abrigo de piel colgaba frondoso de su cuerpo, el perfume de rosas hacía juego con su pañuelo y la estela que dejaba hacía soñar a los silencios que dejaban chicos enamorados. Nunca se había sentido tan grande con un triunfo; su primer triunfo. El premio vendría después y las miradas que trataban de retener lo que veían ya se hacían presentes. Iba saliendo silenciosamente del lugar de juegos. Lejos estaba su rey de corazones; esperándola.
-Déjeme recordar mmm…Además de su aspecto recuerdo haber visto algo más. Por muy raro que parezca los dos se besaban apasionadamente, nada fuera de lo normal, oficial…OH! Sí, veníamos saliendo muchas personas de un largo torneo de pocker. Soy muy apasionado a éste. El chico de chaleco rojo que acompañaba a la mujer de abrigo largo, salió campeón por tres años consecutivos y se rumoreaba que una mujer lo habría destronado. Nos parecía ridículo, hasta que supimos la triste noticia de que ella había sido asesinada; lo lamentamos, aunque comentaban las malas lenguas que un raro hombre, con sombra digna de sospechar, fue a recibir el premio dos días después. Al saberlo traté inmediatamente de tejer nuevamente los hechos de esa noche, sólo la luna que nos iluminaba sabe que pasó, no se veía nada más allá de tres metros, la niebla tapaba todo. Cada paso que daba lo hacía cuidadosamente para no tropezar, pero mis intentos fallaron cuando tropecé con una vieja navaja europea manchada con sangre, los más seguro que fuera de la joven que se tendía ahí muerta en medio de un aparente loco océano en la oscuridad. Luego la reconocí; era la niña que se había besado media hora antes con aquel raro chico. A él no lo he vuelto a ver, pero hasta el día de hoy perturba mi mente. Necesitaba venir al cuartel más cercano y espantar esos malos fantasmas, de mis sueños.

2 Comments:

At 12:10 PM, Blogger Rosario Valdivieso said...

Paula, ahora que puedo leer nuevamente "El testigo" me doy cuenta que como una navaja cortas las palabras, introduciendo en ellas maravillosas metáforas. Elevas un pequeño relato hasta la cima y luego lo sumerges en el agua más fría. Ahora bien, tal vez este escrito necesita fortalecer la narración (en la introducción), pues la poética es increíble: los pasos temblororsos de ella que se dirige al lugar del juego, su entrada, cómo está interpelada por la experiencia, en fin una realidad a ras de suelo. Lo demás es excelente.
Espero pronto los próximos.

 
At 3:32 PM, Blogger Voluptuosidad said...

Vaya!; escribes bien...me gusta el "...Cierto día salió a caminar de la mano con la soledad que suspiraba ya cansada de ella; quería dejarla y así fue".
Si quieres mi opinión, solo tienes que indicármelo. Estaré bien dispuesto a hablar contigo o a escribirte más. I.

 

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